miércoles, 17 de julio de 2013

17 de Julio: Día de la Justicia internacional


Desde hace dos años se conmemora en todo el mundo, cada 17 de julio, el "día de la justicia internacional", una fecha especial en la que no solo se busca difundir la importancia por el respeto a los Derechos Humanos y recordar el esfuerzo de la comunidad internacional en consolidar un sistema penal orientado a la prevención de los crímenes internacionales, sino también -y creo, principalmente- evocar los más terribles episodios vividos durante este último siglo, con el objetivo de asegurar la permanencia, en la memoria de la humanidad, de la idea de que la impunidad nunca podrá servir de escudo para los máximos responsables de las más graves violaciones a los Derechos Humanos y el Derecho internacional humanitario.

Pues bien, en atención a esta importante fecha, el Blog de la Oxford University Press ha publicado un interesante texto sobre los desarrollos, las deficiencias y las expectativas que pueden verificarse en el transcurso de la existencia de la Corte Penal Internacional. Los autores de tal texto son Julia Geneuss (LLM New York University, Estados Unidos e Investigadora en la Universidad de Hamburgo, Alemania) y Florian Jessberger (Profesor de Derecho penal y Derecho penal internacional en la Universidad de Hamburgo), académicos de opinión autorizada sobre la materia penal internacional (ambos publican frecuentemente en la conocida revista "Journal of Internacional Criminal Justice").

A continuación se presenta una traducción al español del referido texto. En ese sentido, esta traducción (evidentemente no oficial) se hace con un puro interés académico, con el objetivo de que el público de habla hispana pueda tener acceso a las importantes opiniones vertidas por los autores. La versión original puede revisarse aquí.

"La madurez de la justicia penal internacional"
("The coming of age of international criminal justice")
Autores: Julia Geneuss y Florian Jessberger
Traducción del inglés por Alfredo Alpaca Pérez

Quince años atrás, un 17 de julio de 1998, se adoptó el Estatuto de Roma -el tratado fundacional de la Corte Penal Internacional (CPI)-, creándose así el primer foro internacional permanente orientado al juzgamiento y sanción de los responsables por los crímenes más atroces para la humanidad. El aniversario de la adopción del Estatuto de Roma fue elegido como el "Día Mundial de la Justicia Internacional": una fecha especial para recordar no solo a la Corte Penal Internacional, sino a todo el emergente sistema de justicia penal internacional. Este año el Estatuto de Roma celebra su décimoquinto aniversario, su "quinceañero". Por lo que esta es una buena oportunidad para presentar algunas apreciaciones sobre el pasado, el presente y el futuro de la justicia penal internacional.

Pasado: Éxito

La aparición de un sistema de justicia internacional merece la pena celebrarse. Aquel representa uno de los pocos puntos positivos en la historia reciente del Derecho internacional. En la última década del siglo XX se produjo un destacable progreso en lo concerniente a la responsabilidad penal individual por genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra debido (entre otras cosas) al establecimiento de los Tribunales Ad Hoc para la Antigua Yugoslavia y para Ruanda; a los procedimientos por violaciones a los Derechos Humanos -en particular, por hechos calificados como de tortura- contra el General chileno Augusto Pinochet en España y el Reino Unido; al establecimiento de la Corte Penal Internacional y a la implementación de los crímenes más graves ("core crimes") en las legislaciones internas de varios paises.

Presente: Presión

En la actualidad, sin embargo, la justicia penal internacional está pasando por un momento difícil. Quince años después de la adopción del Estatuto de Roma y diez años después de que la idea de un tribunal penal internacional de carácter permanente haya pasado de ser una utopía a una realidad, es difícil negar que el "proyecto" de la justicia penal internacional se encuentra bajo presión. La euforia que hasta hace solo algunos años se percibía en la comunidad internacional y académica, así como en el público en general, ha decaído. El optimismo se ha convertido lentamente en desilusión. Es posible decir que el original ímpetu del Derecho penal internacional ha desaparecido.

Muchos eventos recientes, al ser examinados de manera conjunta, fortalecen la hipótesis expuesta. A nivel internacional, la actuación de la CPI se enfrenta a una creciente desconfianza. Los Estados parte se han vuelto cada vez más impacientes con una Corte que necesitó diez años para emitir su primer fallo. A pesar del creciente número de investigaciones, juicios y apelaciones, los Estados parte han presionado a favor de un presupuesto de crecimiento cero: en tiempos de economías débiles y crisis financiera internacional el Derecho penal no parece ubicarse en los lugares más altos de las listas de prioridades de los Estados. Además, la CPI, y principalmente, la Fiscalía ("Court's Office of the Prosecutor") es fuertemente criticada por una supuesta estrategia de persecución selectiva (limitada a países de Africa), lo que ha conllevado a una severa tensión entre la CPI y la Unión Africana. Finalmente, en estos tiempos es más evidente que nunca que la CPI permanece dividida entre una aspiración universal y la soberanía nacional tradicional, entre el Derecho penal y el Derecho internacional, entre el common law y el civil law, entre el respeto a los Derechos Humanos y la cuidadosa observancia de los estándares propios de un debido proceso, y, por último pero no menos importante, entre el Derecho y la política. Por otro lado, el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia ha recibido muchas críticas por sus recientes absoluciones a militares de alto rango. Estas decisiones causaron profundas preocupaciones (tanto dentro como fuera de la CPI, lo cual generó opiniones que sostenían que las decisiones se basaron en razones estrictamente políticas y no jurídicas). Como consecuencia, muchos observadores sienten que la CPI se dirige a perder la buena reputación alcanzada durante la última década, además de desacreditarse hasta el punto de esperar su cierre definitivo.

El desarrollo del Derecho penal internacional también enfrenta una fuerte oposición en los ámbitos nacionales: Bélgica y España han aligerado su regulación en lo referido a la jurisdicción universal, de tal manera que no sea posible investigar y juzgar por crímenes internacionales que no tengan una conexión directa con su territorio o sus ciudadanos. El Juez Baltazar Garzón -quien inició los procedimientos contra Augusto Pinochet a mediados de los años 90 y es uno de los más destacados protagonistas de un sistema de justicia penal internacional más efectivo- ha sido removido del camino. En muchos paises, como en Alemania, la regulación de los crímenes internacionales, aunque fue implementada ambiciosamente durante el apogeo de la justicia penal internacional, ha sido apenas aplicada. Finalmente, en un asunto estrechamente relacionado, la Corte Suprema de los Estados Unidos envió un poderoso mensaje contra la jurisdicción civil universal a través de su decisión unánime en en caso Kiobel, donde la mayoría de jueces abogó por una "presunción contra extraterritorialidad" ("presumption against extraterritoriality") en materia de Derechos Humanos bajo los alcances del Estatuto para Agravios a Extranjeros ("Alien Tort Statute").

Futuro: Apertura

Estos son solo algunos "contratiempos" intensamente discutidos en el ámbito de la justicia penal internacional. Estos eventos y su posible impacto en el destino de la justicia penal internacional son importantes de analizar. ¿Es este el final infeliz de la exitosa historia de la justicia penal internacional? ¿O es que la justicia penal internacional simplemente está siendo conducida a entrar en razón a través de un ajuste de nuestras exageradas expectativas? En un simposio llamado "Down the Drain or Down to Earth: International Criminal Justice under Pressure" reunimos para el reciente ejemplar de la Journal of International Criminal Justice a un número de investigadores autorizados que expusieron sus opiniones acerca de estas cuestiones de cara a poner las cosas en perspectiva.

Al leer aquellos trabajos, que invitan a la reflexión, fue posible observar algunas conclusiones comunes. En primer lugar, la mayoría de autores hacen hincapié en la relatividad del éxito y el fracaso: la evaluación del desarrollo global de la justicia penal internacional depende de un contexto apropiado y de un punto de referencia temporal al que uno se acoge para realizar las comparaciones. Si se hace una comparación con la situación de hace diez años, debería aceptarse que el Derecho penal internacional de hoy se encuentra en una situación de deterioro. Sin embargo, si se hace una comparación a la situación de hace veinte años, la estructura actual de la justicia internacional parecía ser no más que un sueño utópico para un limitado grupo de académicos.

En segundo lugar, mientras la mayoría de autores se encuentran de acuerdo con el hecho de que la actuación de la CPI es bastante insatisfactoria, también resaltan la revitalizada importancia de las jurisdicciones nacionales dentro del sistema global de justicia penal internacional. Con la introducción del Derecho penal internacional en los sistemas legales de varios Estados, el principio de complementariedad -que establece la competencia subsidiaria de la CPI con respecto a la de las jurisdicciones nacionales- logra visualizarse como uno de las más importantes rasgos del Estatuto de Roma. De esta manera, las investigaciones y procesamientos por la comisión de crimenes internacionales encuentran su camino de regreso a donde correspondían originalmente: las Cortes nacionales de los Estados en los que se cometieron los hechos.

Finalmente, a pesar de las críticas muy bien justificadas, los autores parecen coincidir en que los recientes desarrollos indican una regularización más que un declive estructural. Estamos de acuerdo con este análisis. El establecimiento de un sistema internacional de justicia penal ha sido un proyecto revolucionario y ambicioso. Así, como en toda revolución, las ilusiones han sido altas (probablemente muy altas). Tal vez estemos poniéndonos de acuerdo con el simple y verídico hecho de que la justicia penal internacional en marcha no es en sí mismo un ideal. Mas bien, es complicada, costosa y exhaustiva -literalmente, como en sentido figurado-. El tiempo ha llegado para establecer expectativas más modestas y más realistas.


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